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Mujer, envejecimiento y género El 5 de junio de 2003 se llevó a cabo en la sede de la CEPAL el seminario "Mujer, envejecimiento y género" con el fin de revisar las construcciones sociales sobre el envejecimiento y sus consecuencias en términos de discriminación contra las mujeres mayores, pretendiendo dar cuenta de las formas en que las mujeres están socialmente determinadas desde edades tempranas para envejecer en una situación de dependencia económica y emocional. Hay un número sobresaliente de mujeres adultas mayores en comparación con los hombres y esta diferencia se incrementará por lo que las políticas dirigidas a las mujeres deberían ser una prioridad. La vinculación entre el envejecimiento y las relaciones de género tienen una importante base demográfica que no se puede obviar. Como resultado de la baja de fecundidad y el aumento de la esperanza de vida, los países de América Latina atraviesan por distintas etapas de transición demográfica, pero todos ellos están envejeciendo y entre los viejos las mujeres son la mayoría. El promedio para la región muestra índices de feminidad de 111 para el bloque de edad de 60 a 64 años y de 145 para el de 80 y más años de edad. En el año 2000 Argentina mostró un índice de feminidad de 115 para el rango 60-64 y 200 para el de 80+. La población de 60 años o más alcanza en este país el 10% de la población total y las mujeres conforman el 57% de esta población. Chile mostró un índice de 114 para el primer grupo y de 188 para el segundo. Aquí la población mayor de 60 años constituye el 11% y al igual que en Argentina el 57% de este grupo son mujeres. La vejez encierra múltiples cambios que por falta de una respuesta social adecuada se transforman en problemas, a la vez que se reproducen y en ciertos casos se acentúan ciertas desigualdades entre hombres y mujeres. Por ello es importante analizar el envejecimiento con una perspectiva de género para enfrentar estos problemas y desigualdades. La seguridad económica de las personas adultas mayores debe ser abordad desde una perspectiva de derechos y de ciudadanía. Los ingresos en la vejez pueden provenir del trabajo o de transferencias de familiares, pero deberían provenir de los sistemas previsionales para realmente garantizar tanto la autonomía económica como una serie de derechos que se derivan de ella, tales como el derecho a la alimentación y a una nutrición adecuada, a la salud, al esparcimiento y a la integración social. Actualmente los sistemas previsionales no son neutros en término de género y existen una serie de prejuicios y estereotipos en su formulación y presentación, e importantes sesgos de género en las normas, reglamentos e instituciones. En consecuencia, las mujeres de la región tienen más posibilidades de caer bajo la línea de pobreza dado que están sobre representadas entre las personas adultas mayores que no cuentan con una pensión y enfrentan obstáculos para alcanzar una mejor calidad de vida. Parte de los efectos diferenciales de género sobre el envejecimiento están dados porque las mujeres tienen menos posibilidades de acceder a las pensiones en tanto que han estado tradicionalmente más desvinculadas del mercado de trabajo aunado a que la inserción laboral femenina tiene particularidades que dificultan su acceso y permanencia en el sistema previsional, entre ellas el monto de sus prestaciones es inferior al de los hombres debido a que sus ingresos son también inferiores y la brecha salarial sigue siendo uno de los grandes desafíos para superar la discriminación de género en el ámbito económico. Esto se ve potenciado a que es mayor la esperanza de vida femenina que la masculina. Por ejemplo: en Chile solamente el 39.3% de las mujeres son económicamente activas y de ellas el 61% cotizan en el sistema previsional. En Colombia el 22% de las personas mayores de 60 años están pensionadas y en Bolivia sólo el 10% de las mujeres de más de 60 años tienen derecho a pensión. En El Salvador de los actuales perceptores de jubilación por vejez 306 son hombres y sólo 59 mujeres. Esta cifra es tan reducida debido a que el sistema de pensiones es relativamente nuevo. La información disponible permite aseverar que las mujeres son la mayoría entre las personas adultas mayores y sin embargo son la minoría de los titulares de las prestaciones previsionales de vejez. Por ello la CEPAL considera que los temas del envejecimiento y la equidad de género no pueden aislarse de aquellos que afectan a otras etapas del ciclo de vida. En este caso no sólo se debe considerar la calidad de la inserción en el mercado laboral, sino también el trabajo doméstico no remunerado llevado a cabo por las mujeres y la necesidad de plantear políticas públicas que aseguren que las personas inactivas accedan al sistema previsional en su calidad de ciudadanas. |